lunes, 15 de febrero de 2016

Stop the Clocks [Fragmento]

11 de abril de 1912

Tenemos que bajar hasta la cubierta F para llegar al comedor donde parece que este prácticamente todos los pasajeros de tercera clase reunidos. Mi corazón da un vuelco de pronto y no puedo evitar todo el comedor a mi paso mientras vamos andando. Toby pensará que estoy buscando lo mismo que él: a James. Nada más lejos de la realidad. Lo que están buscando mis ojos es al muchacho de ojos azules y acento francés. Tengo el corazón acelerado, noto sus latidos dentro de mis oídos y como un cosquilleo me recorre el cuerpo entero. Me estoy poniendo nerviosa, me estoy alterando y sólo rezo para que mi amigo no se dé cuenta. Cierro los ojos un momento sin parar de andar y sin miedo a chocarme con alguien y cuando los abro ahí está. Está a unas cuantas mesas de distancia hablando con Alice, la melena oscura de la muchacha se mueve con su gesto de negación y puedo ver la frustración en la cara del muchacho. No puedo quitarle los ojos de encima, no puedo apartar la mirada de ese rostro, de ese cejo fruncido y de esos labios que se mueven con rapidez mientras reprende a su hermana. Es entonces cuando levanta la vista y nuestras miradas se cruzan. Mi corazón se para durante un segundo dentro de mi pecho. El sonido de la gente a mi alrededor parece haber desaparecido, el comedor de tercera clase del Titanic también, como si en ese momento sólo existiéramos nosotros dos y nuestras miradas fijas la una en la otra. Es un momento mágico que deseas que sea eterno. Tengo el impulso de acercarme hasta él y sentarme a su lado, quiero conocer más de esa mirada llena de secretos, quiero que se abra a mí…

- ¿Val?

Toby me devuelve a la realidad y rompo esa conexión con Asier. Un frío extraño me recorre el cuerpo mientras mi mirada pasa a la de mi amigo que se me ha quedado mirando. Es la segunda vez que me voy a otro mundo en su presencia en menos de media hora. Seguro que si me pasa alguna vez a lo largo del día lo achacara a que no he dormido bien y me mandara al camarote.

- Perdona, pensaba que había visto a James. Lo siento.

Sigo caminando e incluso adelanto a Toby con toda la intención, puesto que sé que así dejará de mirarme de aquella manera, como si le estuviera ocultando algo y yo dejaría de sentirme tan culpable. ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué sentía esa culpabilidad? Hubiese deseado darme la vuelta y buscar nuevamente al francés con la mirada pero mi impulso se vio frenado por mi conciencia que me decía que debía seguir caminando en busca de James.

- ¡Valerie! ¡Tobías! – la voz del hombre llegó hasta nosotros haciendo que ambos dirigiéramos los rostros hacia el origen de la misma. Allí estaba en una mesa con unos cuantos asientos vacíos a sus lados y frente a él. El resto de la mesa estaba ocupada por pasajeros que ya habían empezado a desayunar. Tampoco es que tengamos mucho por donde elegir aunque para nosotros todo lo que se presenta ante nuestros ojos se asemeja a un banquete. Arrugo la nariz cuando veo los arenques ahumados y antes de que me entren náuseas, tomo huevos con jamón, unas tostadas con mantequilla y me sirvo una taza de té.

- No sé cómo puedes comer eso… - comento a Toby sentado junto a mí que ha cogido los arenques. Por amor de Dios, ¿cómo te puedes meter eso en el estómago tan temprano?

- Pues están riquísimos. ¿Crees que pueda ir a ver al cocinero y darle mi enhorabuena? Y si de paso puedo robar algunas ostras… Tendrán ostras, ¿no? A los de allí arriba seguro que les sirven esas delicatessen. – James frente a mi amigo se echó a reír y casi se ahoga con la tostada que acaba de empezar a tragar. Yo por mi parte pongo los ojos en blancos durante unos segundos antes de negar con la cabeza.

- ¡Déjate de tonterías Tobías!

- ¡Mujeres! Mira que sois sosas, de verdad… ¿No sería divertido colarnos y hacernos pasar por unos señoritingos durante unas horas?

- Nos calarían antes de que pudiéramos pedir las ostras – comento llevándome un bocado del desayuno a la boca y tragando antes de volver a hablar. – Primero porque no tenemos ropa como para caminar por ahí…

- ¡Pues se roba!

- Y segundo porque no tenemos ese porte tan elegante y tan característico de ese tipo de gente. Se nota a leguas que somos… pobres. – añado después de darle también un codazo debido a su comentario e interrupción.

- En eso le doy la razón. – apunta James y soy capaz de notar como Toby a mi lado levanta la mirada y le fulmina lo que me hace reír por lo bajo.

- ¡Buenos días! – John aparece acompañado de Céline que nuevamente parece totalmente fuera de lugar en el comedor de tercera clase. En realidad parece que esté fuera de lugar con nosotros en general. – Gracias por guardarnos los sitios James. – espera a que se siente Céline antes de hacerlo él y ambos se sirven el desayuno.

- ¿De qué hablabais? – Céline hace la pregunta mientras mira a James y Toby alternativamente y luego al final a mí que le dedico una sonrisa antes de seguir comiendo.

- De las ostras de primera clase – contesta Toby llevándose un pedazo de arenque a la boca después de sonreír a Céline.

- Y de robar ropa de pasajeros de primera clase para colarnos arriba – añade James a lo que Céline acaba por echarse a reír. ¿Por qué soy la única de allí a la que realmente todo eso no le hace ninguna gracia? En cierto modo es porque tengo la cabeza en otros menesteres que poco o nada tienen que ver con las ostras.

- No creo que os fuera demasiado fácil caminar entre ellos. Son muy especiales. – me llama la atención que lo ha dicho con seguridad, sin vacilar, lo que nuevamente me hace preguntarme si esa sensación que tengo de que no pertenece a nuestro estatus social son imaginaciones mías o no. A partir de este momento desconecto por completo de la conversación que está teniendo lugar en la mesa y mi mente se centra en otras cosas. Con bastante disimulo mis ojos buscan al muchacho de los orbes azules que tanto me llama la atención. Miro hacia donde creo que estaban Alice y él pero no logro verlos. A lo mejor no tengo la ubicación correcta o ya han terminado de desayunar y se han ido. Dejo escapar un suspiro que pasa desapercibido entre los comensales y me llevo la taza de té a los labios. ¿De verdad es tan difícil encontrar a alguien en un barco en el que solo podemos estar en ciertos lugares? ¿De verdad es tan difícil levantarme e ir a buscarlo? ¿Por qué siento que debería darle explicaciones a Toby? ¿Por qué siento que le traiciono? Nunca voy a sentirme con él cómo me hacía sentir la sola presencia de Christopher o el sonido de su voz. Nunca voy a sentirme con Toby como me siento cuando está el francés cerca. Es como si mi cabeza dejase de trabajar con normalidad, como si todo aquello que conozco o creo conocer se queda en nada, como si no pudiera controlar las emociones que recorren cada milímetro de mi cuerpo. Emociones que me piden que me acerque, que le hable y que intente descubrir más sobre él. Es una página en blanco en un libro que quiero rellenar con sus peculiaridades, su vida… 

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