jueves, 8 de marzo de 2012

Prudence y Charlie

This entry is dedicated to my Charming boy
'cause he deserves it and has helped me a lot these past few months.
Thank u very much!

Ah! And don't forget that make someone smile is easier than you think ;)

It goes also dedicated to the owner of Charlie
a dear friend.

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De: tededicounasonrisa@live.com
Para: arsenalforever@hotmail.com
Asunto: ¡Hola, hola!

Querido Charlie:

Deje mi casa hace unos días, ahora estamos en un hotel y en cuanto mi madre haya arreglado unas cosas aquí en Londres que tiene pendientes aquí partiremos hacía Roma. La verdad que si no fuese por el trabajo de mi madre, ahora mismo me daría pánico tener que volar, pero hace tantos años que cojo aviones, que realmente…, es casi como algo normal.

Se me hace extraño…, escribirte en vez de salir a casa y caminar durante unos cuantos minutos hasta aquella calle donde siempre nos encontrábamos. Siempre con ese “Buenas tardes, señorita” siempre las mismas palabras, acompañadas de una sonrisa en tu rostro. Es como si después de tantos meses se hubiese convertido en nuestro saludo, siempre acompañados de dos besos en la mejilla o un abrazo.

¿Sabes qué es lo que más lamento? No haberte conocido antes. Quiero decir…, yo siempre estuve allí, entre los aldeanos del lugar, entre las caras de todos aquellos desconocidos para ti y hasta que no me tropecé contigo en aquel pequeño café derramándote todo el contenido de mi taza, un café, nunca lo olvidaré, no me hice visible a tus ojos.

Te costo aceptar mi invitación, pero al final aceptaste y se que de habernos conocido años antes nuestra relación hubiese sido tal y como fue ahora, ¿por qué debería haber sido distinta? Somos las mismas personas que éramos años atrás.

Me da tantisima pena que hayas terminado tus estudios, porque de no haber sido así le hubiese pedido a mi madre que aplazara nuestro viaje a Roma, aunque tengo que admitir que es una buena oportunidad para estudiar Literatura Italiana. Lo que siempre he querido hacer a pesar de no tener los mismos estudios que tienes tú, ya sabes… nunca tuve el dinero para ir a una de las prestigiosas escuelas privadas. No tuve esa suerte. A veces ser hijos únicos tiene esa ventaja…, solemos poder convencer a nuestros padres de una manera más fácil, en mi caso, al menos. El hecho es que siendo que tú terminaste, no tengo excusa alguna para pedirle que nos quedemos aquí. El puesto de trabajo que le han ofrecido a mi madre es bastante bueno y sería egoísta por mi parte pedirle que lo dejase para poder seguir viéndonos.

Al menos nos quedaran estos e-mails…

Por cierto, la última vez que nos vimos no me comentaste que tal te fueron las notas. Espero que aquellos trucos que te dí y esos pequeños consejos te sirvieran de algo y al menos aprobaras. No importa la nota, lo importante es aprobar. Así que ya sabes ¡cuenta, cuenta, cuenta…!

Me despido así hasta la próxima, tengo que ayudar a mi madre con algunas cosas y bueno como no vaya ahora mismo es capaz de decapitarme (me ha llamado a gritos unas cuatro veces ya) y como no me gusta dejar las cosas a medias, prefiero terminar esta primera carta aquí y listos.

Espero tener noticias tuyas pronto, a pesar de que solo hayan pasado unas semanas desde la última vez que nos vimos.
Con cariño,
Prudence.

De: arsenalforever@hotmail.com
Para: tededicounasonrisa@live.com
Asunto: Re: ¡Hola, hola!
Querida Prudence:

¡No tienes ni idea de la alegría que me ha hecho ver a tu e-mail en la bandeja de entrada esta mañana! No pude leerlo hasta hoy por problemas de conexión y creo que hasta mi padre ha notado que estaba de mejor humor, aunque como siempre, no me pregunto nada.

Pensaba que te habrías olvidado y que al final la promesa de escribirnos había quedado en eso, en simples palabras que como la mayoría de estas se quedaban al final en nada, veo que en tu caso cumpliste la promesa… Te iba a escribir yo el primero, pero como dijiste que querías hacerlo tú, supongo que al final deje la decisión en tus manos. Me alegra saber que es esta tu decisión.

A mi también se me hace bastante raro, en realidad se me ha hecho bastante raro leer tu e-mail, en lugar de escuchar tu voz. Es extraño, supongo que nos tendremos que acostumbrar a ello, porque como tu misma bien has dicho no nos queda otra.

La verdad que ahora que te conozco y que hemos intercambiado tantas conversaciones, se me hace imposible no haberte visto antes es más, he llegado a tener la sensación de que te conocía de toda la vida y es una pena que solo hayamos tenido un año para conocernos y que ahora tengas que irte tan lejos. Quien sabe a lo mejor dentro de unos años podemos volver a vernos, ¿no? Además te lo repetiré las veces que haga falta, no todos los días te ofrecen una plaza en una universidad extranjera, ni te dan la oportunidad de hacer lo que de verdad deseas hacer, así que… como ya te dije, aprovecha la oportunidad y disfrútalo lo máximo que puedas. Que no me entere yo de que no lo haces, ¡eh!. Yo como te imaginarás sigo pensando que hacer con mi vida…, soy un desastre, ya sabes…

¡Tienes razón! ¿Cómo se me pudo olvidar? Bueno, mejor dicho, como se le pudo olvidar a doña estudiosa. De verdad que no se como puedes ser tan meticulosa con las cosas. ¡Ah! Tus consejos me fueron de perlas…, a saber que habría hecho yo sin ti…! De verdad que me fueron bastante bien, aunque quiero que sepas que yo solo podría habérmelas apañado. Aprobé todas las asignaturas que cursaba en este último año, así que señorita más le vale a usted felicitarme (sabes que no es necesario que lo hagas eh!) ¿Quieres una copia de las notas para estar satisfecha del todo?

Cuéntame como te fue el viaje hasta Roma y por supuesto como son las cosas por ahí… Si necesitas cualquier cosa, puedes pedírmela, aunque este lejos…, bueno, haré un esfuerzo para intentar ayudarte. Para algo están los amigos, ¿no?

Un saludo,
Charlie.



Estaba nerviosa. ¡Claro que lo estaba! A cualquier chica de veintiún años algo así la pondría nerviosa. Le temblaban las manos mientras pasaba la mirada del reloj de la pared al teléfono que había sobre la mesa junto a ella. Sabía lo que quería hacer pero no se atrevía. Descolgaba y volvía a colgar. Marcaba y antes de que diera tono volvía a colgar. Era ridículo. Lo sabía. Cinco minutos, diez, quince, veinte…, sigue contando y sus nervios aumentaban. Si tan sólo fuese capaz de descolgar el teléfono y marcar el número…

Al final se armó de valor y consiguió marcar y no colgar. Un tono, dos tonos… y entonces la oyó. Esa voz. La voz que consiguió que el corazón le diese un vuelco, que le sudasen las manos y que de la misma emoción unas lágrimas amenazaran con salir.

-¿Sí? ¿Oiga?

La voz insistía. Quería respuesta y ella parecía sentirse incapaz de responder. Se había quedado petrificada. Una de esas reacciones del cuerpo que no era capaz de controlar. Solían ser más fuertes que ella.

-¿Hay alguien ahí?

Claro que había alguien, pero sentía que sus palabras se habían quedado atoradas en alguna parte de su garganta. En un momento de calor, su voz pareció superar aquel pequeño obstáculo.

-Hola…

Silencio. Un largo y casi agonizante silencio fue lo que siguió a aquella palabra. Era algo que se esperaba. Hacía muchos años que no oía su voz. Ni siquiera le había dado nunca su número de teléfono, pero Melinda tenía contactos o más bien su madre. En resumen tenía el poder suficiente para mover algunos hilos y conseguir aquello que quería, como algo tan simple como un número de teléfono.

-¿Prue? ¿Eres tú?

Claro que era ella. Melinda, Prudence, ¿qué más daba? Era la persona al otro lado del teléfono eso era todo. Uno de los ayudantes de su madre entró en la habitación. Silencioso observando a la jovencita que sonreía ligeramente por alguna razón al teléfono, para los trabajadores Melinda Levine siempre había sido una muchacha demasiado callada. Ni siquiera parecía que el hecho de que su madre fuese famosa y que ella misma saliese a menudo por televisión desde hacía unos cuantos años, la reconocieran por la calle y demás, cambiaría su forma de ser y aquella sencillez que parecía que rodeaba a la castaña.

-Sí. Claro que soy yo. - el hombre la miró unos segundos, pero la jovencita ni siquiera había parecido advertir su presencia, así que de la misma forma que apareció, desapareció dejando a la muchacha con sus cosas. Seguía siendo una chica de veintiún años con sus sueños, su vida y sus ambiciones. Era una chica como otra cualquiera.

-Vaya… ¿cómo conseguiste mi número de teléfono?
Parecía sorprendido y no era para menos. A él le sorprendería el hecho de oírla (y que hubiese conseguido su número de teléfono) a ella le sorprendía haber tenido el valor para hacerlo. Aquello era demasiado importante para ella, un paso del que más tarde podía arrepentirse, pero era su vida. Aquella parte de su vida que nadie conocía, aquellas citas a escondidas y los e-mails que nadie conocía eran su verdadera vida. Su verdadero yo.

-Tengo mis contactos.- ensanchó su sonrisa después de haber dicho esas palabras. Había sido posiblemente la primera vez que se había alegrado de que su madre tuviese aquellos contactos y ella la posibilidad de acceder a ellos. -Iba a escribirte, pero… Esta me pareció una manera más personal de contactar contigo.

Posiblemente él no entendiera nada. Durante años se había negado a que hablasen por teléfono. No quería que él se gastara tantísimo dinero llamando a Roma. Era consciente de que su situación económica era muy distinta a la suya y ella, por su parte no quería que nadie descubriera eso. Era su secreto.

-¿Charlie?
El silencio que había en el otro lado de la línea, la asustaba y por un momento tuvo la sensación de que le habían colgado y ella tan en su mundo como estaba ni siquiera se había dado cuenta. ¡Baja de las nubes! Se dijo a sí misma.

-Sigo aquí, Prue… Solo que me sorprende. Nunca quisiste esto. ¿Por qué ahora, sí?

¿Estaba enfadado? ¿Molesto? En parte era normal y peor sería si descubría todo. La muchacha respiró hondo. Ahora llegaba la mejor parte del porque de aquella llamada telefónica después de cuatro años. Cuatro largos años.
- Porque ahora estoy en Londres, Charlie.- más silencio. Aquella había sido y con mucha diferencia la conversación telefónica más extraña que había tenido en su vida. Estaba compuesta de silencios, largos…, desesperantes, pero seguidos de respuestas esperanzadoras, llenas de aliento, de algo que llevaba mucho tiempo esperando.

-¿Estás en Londres? ¿En serio? ¡Eso si que es una buena noticia!
Si había habido algún atisbo aunque fuese pequeño de molestia en la voz del chico los últimos minutos había desaparecido para dar paso a la emoción, la sorpresa. La misma emoción que llevaba embargándola a ella desde que había pisado aquel país. La misma que había conseguido que sus ojos verdes brillasen a pesar de no derramar ninguna lágrima.

-¿Por qué no me lo dijiste en tu último mail?

-Pensé que esto era más personal. Además tenía ganas de volver a oír tu voz. - ¡Oh Dios! No podía creerse que hubiese dicho aquello en voz alta. Dicho estaba, eso estaba claro. Lo que no se esperaba es que él contestase como contestó.

-Yo también tenía ganas de oír tu voz.

Y aunque ella no lo estuviese viendo en ese momento, una sonrisa asomó en el rostro del rubio que tenía la mirada incrédula fija en el televisor encendido del pequeño salón de su casa aunque sin prestar realmente atención a las imágenes que pasaban por delante de sus ojos azules.

-Sigo sin creerme que estés aquí, ¡en Londres! No me estarás gastando algún tipo de broma, ¿no? - preguntó angustiado y ella no pudo evitar soltar una carcajada al otro lado del teléfono mientras aunque él no pudiese verla negaba suavemente con la cabeza. Se había levantado del sofá donde había estado sentada y se había dirigido con teléfono en mano a una de las ventanas de la habitación. Mentiría si dijera que no había echado de menos Inglaterra y su casa. Su habitación de siempre.

-¿Cómo voy a bromear con algo así? ¿Estás loco?

Una respuesta para aquella segunda pregunta pasó por la cabeza del muchacho y casi salió de sus labios, pero en el último momento había pensado (acertadamente seguramente) que quizá eso hubiese sonado demasiado atrevido. No quería cagarla en aquel momento con ella.

-No claro que no, solo preguntaba. Esto…, Prue…

-Dime.

De repente había vuelto a sentir los mismos nervios que la habían invadido antes de atreverse a coger el teléfono y marcar. Era como si supiera de antemano lo que iba a preguntarle. Él por su parte aunque estaba deseando preguntarlo, tenía miedo a que la respuesta no fuese la que quería oír.

-¿Crees que hay alguna posibilidad de vernos? - una vez preguntado el joven aguanto la respiración esperando la respuesta al otro lado del teléfono. Ella por su parte sonrió mientras caminaba de vuelta al sofá. Era justo lo que había esperado. El verdadero propósito de aquella llamada.

-Por supuesto que si, estaré encantada de volver a verte. - más que eso, pero siempre había sido bastante prudente con las cosas que decía o dejaba de decir. -¿Dónde siempre a la misma hora de siempre? - para eso faltaban unas cuantas horas. Horas en las que se prepararía mentalmente y se concienciaría de que lo que iba a pasar era real.

-Trato hecho.

Soltó una risa fruto de aquellos nervios que sentía y se sintió aliviada al oír que el muchacho respondía de la misma manera.

-Hecho entonces. Hasta luego Prue.


-Hasta luego Charlie.- se quedó unos momentos callada antes de colgar el teléfono. Hubiese deseado no tener que hacerlo nunca y quedarse con esa voz en su cabeza, no terminar nunca con esa conversación y él sintió exactamente lo mismo en el momento en que colgó el teléfono y el único sonido que volvió a inundar sus oídos era el del televisor encendido.