sábado, 26 de noviembre de 2011

El legado de Reikha

En el lugar más vasto y profundo de los Bosques de Lindei… He servido al mundo entero durante siglos. Mi nombre es Reikha, pero se me conoce más como la Dama del Tiempo.

Ahora, ha llegado la hora de que mí sucesora tomé mi lugar. Aquella con el alma y corazón más puros del mundo. Su destino, está escrito desde el mismo día en que vio la luz del sol por primera vez. Un destino que al igual que el mío afectará al mundo entero y a todos los seres que en el viven, tanto humanos, animales como plantas.

Pero antes de todo…, debo contar mi historia y como llegué a este mundo…

Hace miles de años…, antes de que existieran los espíritus y la propia vida, antes incluso de que existiera la Tierra… La Diosa de la Creación y el Dios de la Vida, decidieron usar los poderes que les habían otorgado de una manera útil…

Terra, la Diosa de la Creación, hizo realidad el mundo donde ahora todos nosotros vivimos, al que puso su mismo nombre, para que siempre fuese recordada. Ella, creo la tierra roja, los mares y los ríos… así como toda la naturaleza del mundo.

Fauno, el Dios de la Vida, creó todas las formas de vida existentes y les dio el espíritu de la ley y el orden, así como un alma.

Una de esas formas de vida, era yo. Enseguida me di cuenta, de que mi destino era muy distinto al de los demás, lo cual en un principio me entristeció. Ni siquiera me veían… pero pude notar que cuando yo estaba próxima a ellos, sentían cosas, como calor, frío, felicidad, alegría… Pero a pesar de todo eso, muchas veces llegué a creer que no tenía sentido alguno vivir, puesto que no tardé mucho en comprobar que mi vida se iba a basar en la soledad. Por otro lado, descubrí también algo que me asombró… El paso de los años no me afectaba, al contrario que los demás… que envejecían y acababan muriendo. Yo cincuenta años después de llegar al mundo… era igual de joven y bella que por aquel entonces… Era inmortal.

Durante muchos años cumplí mi misión, de la que a continuación hablaré, vagando por el mundo sin llegar a quedarme en ninguno de los sitios el suficiente tiempo, como para llamarlo “vivir”. Hasta que encontré los Bosques de Lindei. Era el sitio perfecto para vivir y por primera vez en mi vida me sentí en casa. Rodeada de animales, descubrí que estos si podían verme y aunque no fuera lo mismo que hablar con un humano, me sentía acompañada. Con mis propias manos, construí una cabaña en lo alto de un sauce, oculto de la vista de todo el mundo. Era feliz allí arriba y aparte de hacer mí trabajo predestinado, hacia figuritas de madera. Era un pasatiempo que me encantaba y que además hacía feliz a los niños de un pequeño pueblo que no había muy lejos de allí.

Seguramente te estarás preguntando cual era mi misión y porque los demás humanos no podían verme… Yo era hasta ahora la que tenía el control sobre el tiempo… no sólo el tiempo que los humanos calculamos en segundos, minutos, horas, días, meses, años… También el tiempo atmosférico… Se podría decir que de alguna manera era el invierno, la primavera, el verano y el otoño.

¿Cómo descubrí esto? Muy simple… Cuando llegué al mundo, tenía una larga cabellera rubia, unos ojos azules como el cielo y vestía un vestido de una tela muy suave de color azul marino. Aparte de darme cuenta de que nadie me podía ver…, descubrí que mis cabellos emanaban calor. Un calor que se mezclaba en la atmósfera y creaba el clima de verano. Sí un día estaba muy triste, por cualquier razón y sentía ganas de llorar, como vosotros lo llamáis, no eran lágrimas lo que emanaban de mis ojos. En realidad… nunca he llorado. El cielo lo hacía por mí… Mi llanto se convertía en la lluvia y mis enfados en las tormentas.

El hacer feliz a la gente con un clima cálido y agradable me encantaba. Por eso una mañana en la que me levanté muy distinta, me enfadé. No entendía a que se debía ese cambio. Sin siquiera mirarme al espejo noté que algo en mi había cambiado. De mis cabellos ya no surgía calor… si no algo más frío. No era un frío helador como el de invierno…, pero tampoco era el calor habitual del verano. Al mirarme al espejo, descubrí que mis cabellos eran mucho más cortos que el día anterior aparte de ser castaños. Mis ojos habían pasado de ser azules a ser marrones como la tierra y mis ropas eran anaranjadas. Otros poderes habían despertado en mí… durante los siguientes meses me sentía mucho más triste de lo que solía estar y la melancolía me embargaba. El cielo lloraba con más frecuencia y las hojas caían de los árboles que se iban marchitando a la vez que yo pasaba por su lado. La gente del pueblo seguía contenta, aunque era palpable que el cambio climático no agradaba a todos. Hubiera hecho lo posible por volver a crear el verano… por sentir aquella agradable calidez y ver a todos felices, bañándose en el lago o tomando el sol. Muchas noches me acostaba deseando ser al día siguiente el verano…, pero siempre volvía a despertar con los cabellos castaños y creando la estación de otoño día tras día.

El siguiente cambio me sorprendió, sí, pero no tanto como el cambio del verano al otoño. Fue igual de rápido que la primera vez. Un día desperté como todos, pero sentía un frío inmenso en el cuerpo. Algunas veces me he preguntado cómo que no he llegado a morir soportando aquellas temperaturas heladoras en el cuerpo. Después de tantos años, ya no me lo pregunto. Te acabas acostumbrando a estar bajo cero, incluso te llega a gustar, al menos a mí personalmente me ha llegado a gustar. Lógicamente y como ya te estarás imaginando, había llegado el invierno, tanto en mi ser como en el mundo. Mis cabellos eran largos… tan largos que tocaban el suelo y eran de color plateado. Mi piel se había tornado blanca y mis ojos de un azul clarísimo, más claro que el azul del cielo. Ahora llevaba una vestimenta plateada al igual que mis cabellos. Cuando empecé a andar por mi pequeña cabaña dando vueltas noté que al pisar el suelo se oía una especie de crujido y al bajar la vista, ví nieve. Esa nieve caía de mis cabellos a medida que yo iba andando al igual que todo lo que tocaba con mis manos se convertía en puro hielo. El invierno siempre ha sido una de mis estaciones preferidas, andaba con elegancia por el bosque, cubriéndolo todo con aquel manto blanco procedente de mis plateados cabellos. Ahora no llovía si me sentía triste… caían copos de nieve y a la gente le encantaba. Siempre que me paseaba por el pueblo, ellos, ajenos a mi presencia, jugaban con la nieve tirándosela entre ellos, hacían muñecos con ella, o simplemente se tiraban con el trineo desde las colinas. Era una bonita época del año, sobretodo cuando llegaba lo que llamáis la Navidad. El pueblo entero se cubría de luces, que con aquel manto blanco, hacían del lugar, algo maravilloso para contemplar.

La llegada de la primavera, me la tomé como un cambio de look radical. No me sorprendió en absoluto, aunque empezaba a pensar cuantas estaciones habría, ya que por aquel entonces lo desconocía.

En primavera, luzco una cabellera pelirroja, mis ojos son verdes como la hierba y mis ropas son de diversos colores. Azul, rosa, naranja, verde, amarillo. Considero a la primavera la estación del año de la alegría, la vida, el amor. Todo en la primavera es bonito. Las flores nacen, los pájaros cantan, la gente es feliz… y yo también lo era. Pocas veces me ponía melancólica en primavera. Esa época del año era todo color y felicidad. Se respiraba en el ambiente y los olores de las plantas eran realmente embriagadores y reconfortantes. ¡Esperemos que nunca cambie la primavera! Muchos años al llegar el invierno, he sentido el temor de que no cambiara a la primavera nunca. A pesar de encantarme el invierno, para mí, era lógico que después de este estuviera la primavera y luego el verano… Era una continua rueda que nunca dejaba de girar y siempre lo hacía igual, de la misma manera, sin ningún variante a lo largo de los años.

Te contaré un secreto de la primavera… las flores no nacen solas… Yo me cortaba los cabellos que iba dejando caer por el suelo y en los lugares donde estos se depositaban flores de todas las clases y colores brotaban. Es algo realmente maravilloso, pensar que de un simple cabello puedan nacer todas esas maravillas de la madre naturaleza. Al igual que es algo asombroso… el que el pelo te vuelva a crecer en apenas unos instantes. Ni siquiera me daba cuenta… muchos días de primavera me tiraba todo el día cortándome cabellos y dejándolos aquí y allá. Luego, cuando la gente del pueblo entraba en el bosque, siempre admiraban aquellas plantas y los hermosos jardines que llegué a crear con el paso del tiempo. 

Aunque estés sola, aunque nadie te vea… ver los rostros felices de la gente te llena de felicidad y en parte te hace sentirte querida. Admiran tu trabajo, aunque no sepan que es obra tuya.

Así han sido todos los años de mi vida, una sucesión de cambios y sensaciones. Con el paso de los años, el ser inmortal empezó a frustrarme. Hacer siempre lo mismo ya no me era tan gratificante como los primeros años…, aunque seguía haciéndolo igual. Por aquel entonces habían pasado quinientos años desde que llegará al mundo. Pasaron otros quinientos años… antes de que encontrará lo que llevaba buscando tanto tiempo. Mi sucesora. Desde el día en que pisé la Tierra sabía que aparte de cumplir mi misión debía encontrar a alguien. Nunca supe para que hasta que te vi.

Recuerdo perfectamente aquel día… Era invierno… Un invierno precioso creo recordar… De todo esto hace cuatro años…, pero lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Caminaba elegantemente por el pueblo, observándolos a todos, viéndolos felices con la nieve que iba dejando a mi paso. Entonces vi a una jovencita que se había quedado con la vista fija en mí. Pensé que eran alucinaciones mías… ¡Los humanos no podían verme! Pero esa muchacha no apartaba la vista de mí. Me quedé observándola durante largo rato y nuestras miradas se cruzaron. No sabía que significaba aquello, puesto que era la primera vez que me ocurría algo así.

La muchacha corrió hasta su madre, que estaba con tres chicos más, a simple vista menores que ella. Tiró de la falda de la mujer que se volvió hacia ella y dijo estas mismas palabras:

- ¡Mamá! Allí hay una mujer muy bonita… Tiene los cabellos plateados y lleva puesta una ropa preciosa del mismo color… Tendrías que ver su piel… apenas se distingue de la nieve…

- Slim… Deja de decir tonterías… allí no hay ninguna mujer… Eres demasiado mayor para tener amigos imaginarios…

- No me lo estoy imaginando… la estoy viendo… - fueron sus palabras antes de echar a llorar y salir corriendo.

La perdí de vista en pocos minutos. Ni siquiera me dio tiempo a asimilar sus palabras. Me había descrito tal y como era… ¡Me había visto de verdad! Desde ese día supe que era mi sucesora… que tú eres mi sucesora.

No volví a verte hasta aquella primavera. Volviste a quedarte con la vista fija en mí… yo estaba cortándome los cabellos y esparciéndolos por el suelo. Recuerdo perfectamente que te me acercaste y me preguntaste:

- ¿Por qué te cortas los cabellos y luego los tiras al suelo? Tienes un pelo demasiado bonito para cortártelo de mala manera y tirarlo al suelo. Si te viera mi madre te diría que fueras al peluquero. Aunque… mi madre no te vio en invierno… si le vuelvo a hablar de ti pensará que estoy loca.

Una sonrisa asomó en mi rostro juvenil al oírte hablarme. Era la primera vez que alguien lo hacía… No sabes lo feliz que me sentí…

- Porque es mi trabajo… Soy la primavera y con mis cabellos hago de todo este precioso bosque una realidad. No te preocupes…, pronto entenderás porque sólo tú puedes verme… y tranquila, no estás loca. Existo de verdad.

Me miraste sorprendida. Seguramente no creerías mis palabras, a cualquier otra persona le hubieran parecido absurdas e infantiles seguramente. No me dijiste nada más… fueron tus únicas palabras dirigidas hacia mi persona, pero fueron más que suficientes para desear algo que hasta ese día había sido imposible. Deseaba ser mortal. Sentir lo que sentían los humanos normales… Algo que no había sido posible, puesto que no te había encontrado.

He esperado cuatro años más… hasta que cumplieras los dieciocho años… Edad que tengo yo desde hace diez largos siglos. Ahora se que es hora de que ocupes mi lugar como la Dama del Tiempo y estoy segura de que lo harás bien… sólo espero que no tardes tanto en encontrar a tu sucesora. Mil años de soledad son muchos… aunque no te deprimas ni te hundas en ningún momento… La soledad no siempre es mala y yo he tenido una vida como Dama del Tiempo dichosa. Busca la compañía en aquellos seres que los humanos tan mal tratan… como si no tuvieran corazón ni alma. Aunque tú llegarás a descubrir que su alma es casi más pura que la de la mayoría de los humanos del mundo.

He aquí mis vivencias y conocimientos. Espero que todo lo plasmado en esta simple hoja de papel te ayude con tu misión y a entender esos cambios que a mi primero me sorprendían, pero que con el paso del tiempo, fueron pura rutina. Me refiero, claro esta, al cambio de estaciones que nosotras las Damas del Tiempo, experimentamos en nuestros cuerpos.

Recuerda dos cosas… dos cosas realmente importantes. No hay nada más grande que tener el control sobre el tiempo…, pero has de ser cauta y usarlo bien. Un poder mal usado puede causar grandes catástrofes y desgracias, y ninguna de las dos queremos eso.

Yo ahora voy a cumplir mi sueño de ser mortal, tal como tú has sido hasta ahora y volverás a serlo el día en que encuentres a tu sucesora. La persona cuyo destino sea el mismo que el nuestro. Un destino grandioso y realmente importante. Sabrás de quien se trata… en cuanto la veas, igual que yo lo supe cuando alguien me miró a los ojos y me hablo por primera vez en mi vida.

¡Ay,Slim! Son tantas las preguntas que se agolpan en mi cabeza…, preguntas sin respuesta… ¿Cómo será ser mortal? ¿Cómo será amar? ¿Qué es la tristeza humana? ¿Qué sentiré al llorar? ¿Seré feliz? Supongo que son todas, preguntas a las que no se puede responder con simples palabras. Seguramente hay que vivir la experiencia, sentirlo…, para saber lo que es. Al igual que todo lo que yo te he contado hay que vivirlo para saber que es en realidad.

Si algún día te sientes sola… sabes que cuentas conmigo… Yo te ayudaré en tu largo camino mientras siga entre los mortales. Seré la única persona que podrá verte, ya que durante muchos años he desempañado la que será tu tarea a partir de ahora… tu soledad al fin y al cabo no será tan completa como lo fue la mía.
Suerte querida… Bríndame con calurosos veranos, gélidos inviernos, preciosas primaveras y lluviosos otoños…

viernes, 25 de noviembre de 2011

En las alas de una paloma

Mucha gente se pregunta… ¿Qué es el cielo? ¿Qué hay después de la vida? Ni siquiera yo que puedo rozar ese ‘cielo’ con la punta de los dedos puedo decir con exactitud qué es. ¿Un cúmulo de sensaciones? ¿Muchos sentimientos positivos unidos? Paz. Es lo primero que sentí después de que todo se volviese negro. Un enorme sentimiento de paz… y ante mis ojos apareció una luz cegadora, pero la más hermosa que había visto hasta ese momento.

Una luz que sentía que si extendía un brazo hacía ella las puntas de mis dedos serían capaces de rozarla y sentir… ¿el qué? ¿El mejor sentimiento del mundo? Sin embargo algo me lo impidió. Mi padre apareció desde el interior de aquella luz y se acercó hasta mí. Era tal y como yo le recordaba, exactamente igual, aunque con un aura brillante a su alrededor. Me miró con aquellos ojos azules que poseíamos los cinco Austen de mi familia y me sonrió. Una sonrisa llena de calidez. “Este no es tu sitio cariño. Tienes que volver Allie…” Le miré con el ceño fruncido y me pregunté porque me decía a mí que tenía que volver cuando él se había ido. Se había ido y nos había dejado solos. “¿Por qué tengo que volver? Quiero quedarme contigo…” Y lo deseaba. Siempre había amado enormemente a mi padre y me había afectado su muerte. Su abandono involuntario. ¿Por qué ahora que le volvía a encontrar no me dejaba quedarme con él? “Tu hora aún no ha llegado, tienes que volver con la gente que te quiere…” ¿Y cuando sabría que había llegado MI hora? ¿Cómo podía estar tan seguro de que no era en ese momento? Era mi padre, confiaba en él y por eso una vez más iba a creerle. “¿Y cómo vuelvo?”Pregunté consciente de que quizá ni él tuviese la respuesta “Sólo tienes que esperar… Tienes que ser paciente, mi pequeña”.

Paciencia. En muchas ocasiones había llegado a la conclusión de que la vida se resumía en eso... paciencia. Me tocaba esperar como quien espera un tren en una estación para tomarlo y llegar a su destino, en mi caso, la vida. No fue hasta que mi padre desapareció, después de acariciarme la mejilla y despedirse nuevamente de mí, que me percaté de que mi vestimenta había cambiado. Lucía un bonito vestido blanco que rozaba incluso el suelo y me pregunté si era esa la vestimenta de los ángeles, pregunta que consiguió arrancarme una sonrisa.

Una semana más tarde había aprendido a moverme en aquel mundo paralelo a la vida, en donde los espíritus de aquella gente que no está plenamente muerta vagan esperando a la llamada o de la vida o del túnel de luz infinita. Yo estaba segura de que mi llamada provendría de la vida... ¿Sino por qué me había dicho mi padre que no era mi hora? ¿Se habría equivocado?

Cada noche me acercaba a la cabecera de la cama de Gabrielle y aunque sabía que ella no sabía que yo estaba allí, le daba las buenas noches como siempre y le juraba que volvería... Lo mismo hacía con mamá y con Leo... Estaba tan destrozado que de poder haber despertado y volver con ellos en ese preciso instante lo habría hecho, pero... al parecer tenía que esperar. Mi tren aún no había llegado a mi parada y yo no sabía cuánto tiempo tardaría o si siquiera lo haría.

Pero no podía verlos tan destrozados... Por eso mismo me refugiaba la mayor parte del tiempo en uno de mis lugares favoritos.

Mis piernas se balanceaban a un ritmo constante e invariable. Había ido a sentarme en el alféizar de una de las ventanas del aula donde desde hacía muchísimos años había acudido casi a diario para entrenarme y bailar. Había estado presente cuando a media semana se habían enterado de que a raíz de un accidente había quedado en coma y pude ver la reacción en todos ellos..., pero nadie hizo la pregunta que rondaba en sus cabezas “¿Podrá volver a bailar?”. En aquellos momentos solo estaba Evan, que desde hacía muchos años había sido mi compañero de baile y otros tres alumnos de la Señorita Robinson y yo..., aunque de mi presencia no era nadie consciente.

Subí mis piernas al alféizar y me abracé a ellas sintiendo el suave tacto de aquel vestido blanco... Y cerré los ojos en cuanto aquella melodía que tanto conocía invadió la sala... Sabiendo que de así quererlo, en cualquier momento podía pensar en un lugar específico que conociera y allí estaría.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La vida es sueño

Para Rous
Porque sin tí, soy como el Uno Dinámico


Cada día que pasa me hago exactamente la misma pregunta al levantarme. ¿De verdad vale la pena?

Y cada día me acuesto con la misma respuesta: sí, vale la pena.

Es extraño como el paso de los años no afecta a mis sentimientos, como siguen ahí muy dentro de mí esperando al momento apropiado de cada día de mi vida para salir al exterior. Siguen siendo los mismos que años atrás. Los mismos que sentí con aquel primer contacto. El primer beso. La primera vez. Aún soy capaz de recordar perfectamente los acontecimientos de aquella tarde que cambiaron nuestras vidas. El tacto de nuestras manos entrelazadas... El olor a cerrado de aquella casa...

En un instante sin que me percatara de ello, mi vida cambió. ¿En qué momento de aquella tarde cambio todo? ¿En qué momento me di cuenta de que había estado equivocada por años? ¿En qué momento supe que era él? Creo que son preguntas a las que incluso diez años más tarde no les puedo encontrar respuesta.

Diez años. Una década.

A veces me maravillo del paso del tiempo. Un suspiro. Las cosas que pueden pasar en un suspiro.

Llegan nuevas vidas que completan la de una misma, otras se van para siempre y otras solo entran para salir poco tiempo después. Son regalos de la vida. Personas que entran en tu vida para salir más tarde o más temprano y enseñarte valores. Enseñarte cosas tan simples como la nobleza o la bondad. No importa cuanto tiempo estén en tu vida, lo importante es que te den esos pequeños regalos de los que no eres nunca consciente.

Cuando levanto la mirada y me encuentro esa misma sonrisa que llevo encontrándome desde hace tantos años sigo sintiendo como me da un vuelco al corazón y miles de mariposas luchan por salir de esa celda donde están metidas y yo las dejo. ¿Por qué no? Es lo mejor con diferencia que me ha pasado en la vida y aunque suene estúpido, me gusta esa sensación en el estómago. Como si de verdad fuese la primera vez que nuestras miradas se cruzan.

Y esos ojos azules que me miran desde el otro lado de la mesa... Que curiosa es la genética que no quiso que fueran ni marrones ni verdes, sino azules como el cielo y el mar... Y aún así cada vez que me miran siento que eso es precisamente lo que los hace especial. El tener un color que los distingue de los demás de la familia directa. Sus ojos son especiales y ella es a la vez especial para mí. Consigue que sienta que hice algo bueno en la vida..., que no todo lo que hice tuvo consecuencias negativas.

Luego están los ojos verdes de él. Idénticos a los míos y los que posee mi hermana. En ocasiones creo fervientemente que si alguna perdiese a mi alma gemela, a la otra mitad del espejo e incluso de mi propia alma, podría seguir viéndola en sus ojos. Como si fuera un extensión del alma de ella. Una parte pequeña del espejo que conformamos ambas... pero igual de importante para mí que ella misma.

Una enorme sensación de paz me llena el cuerpo. Siento felicidad, pasión, tranquilidad, deseo.... Una unión que será eterna formando parte de mi vida y que posiblemente perdure incluso después de esta, como si ni siquiera el marchitar y el tiempo pudiese romper esos lazos y vínculos que hemos creado a lo largo de nuestras vidas en las que un día nuestros caminos se cruzaron.

Cada día el cielo se despliega ante mis ojos, ante los de mi familia entera y en muchas ocasiones unas pocas nubes lo tiñen de blanco, aunque yo se, que las nubes no son enteramente blancas. Se que si nos fijamos bien ella se pueden distinguir más colores además del clásico blanco con el que los niños las plasman en sus dibujos. Amarillo, verde, gris e incluso azul son otros de los colores que podemos ver si nos fijamos con atención en ellas. Al igual que el cuelo no es azul. En el también se pueden ver otros tonos: lila, amarillo, naranja, rosa... Es, como si cielo y las nubes formaran juntos una gran gama de colores, como la vida misma.

La vida es algo tan simple y a la vez complicado como eso. La vida es bella.... un bello abanico de colores. Un calidoscopio de imágenes, un collage de recuerdos. Al igual que el cielo se oscurece y existen las tormentas, sabemos que la vida no es siempre de colores vivos y hermosos... Es una lucha constante para superar y esquivar esas nubes oscuras, viajar a través de ellas vencerlas y encontrar otra vez el resplandeciente sol que nos acoge con su calor y su cariño como el amor.

¿Qué es el amor verdadero si no eso? Calor, cariño y un lugar donde cobijarse y sentirse protegido, seguro a gusto. Amar es querer la felicidad de esa persona por encima de la tuya propia sin importar los sacrificios que tengas que realizar para conseguirlo, ni las lágrimas que tengas que derramar...

No se que habría sido de mi vida de no habernos encontrado casualmente aquella tarde de mayo... Posiblemente habría sido muy distinta a como lo es hoy en día..., pero es recordando momentos como ese que se que todo el camino ha valido la pena.

Las broncas, han valido la pena. Las lágrimas, han valido la pena. El dolor, ha valido la pena. Ha valido la pena porque el conjunto te lleva a la felicidad y a ese sentimiento que te reconforta desde dentro. Ese amor que ha hecho que existan dos joyas más en el mundo y que yo estoy segura de que va a seguir aquí muy dentro de mí. Muy dentro de él incluso mucho después de haber dejado este mundo...

Pero, para eso aún faltan muchos años y de lo único que estoy segura ahora es de que voy a aprovechar cada momento, cada minuto.... y los voy a guardar dentro de mi corazón como un tesoro..., para dentro de treinta, cuarenta o quien sabe cuantos años poder evocarlos y decirme a mi misma: “Una vida puede ser más que el simple transcurrir de los días”.